Anoche, cuando te encontré, reías.
Que delicia contemplar esa armonía, la perfección
a mis ojos, la dulzura para mi alma.
Eres como esa flor olvidada que navega en mis recuerdos,
como el "poema XV" de Neruda, como el acróstico
que aún no escribo, porque quiero tu nombre sea mío,
como el secreto de las calles inundadas de gente.
Anoche, cuando me abrazaste, temblé.
sucumbí a la tentación de tenerte en mis brazos,
y tus ojos, en la oscuridad, brillaron como una estrella,
iluminando desde el universo mi rincón.
Tu beso de humedad profunda, como el océano,
aún sigue en mi alma, inundada de ti y de tu fuego,
Tus tiernos labios, abrazando mis sueños,
tu boca aún muerde, juguetona, mis deseos.
¡Que momento sublime! unos segundos bastan
para alegrar mis días con tan indeleble recuerdo,
que se abre paso en las horas, esperando de nuevo
tus brazos, tus labios, para escribir ¡cuanto te quiero!
Manizales y mis poesías
Carlos A.
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